Para unos, puede ser el contacto con algo interno que desconocía.

Para otros, puede ser el re-descubrimiento de la persona, con la que trabaja a diario.

Pero para todos, es una oportunidad de sentirse a uno mismo desde la creatividad.

De sentir la vibración del tambor.

De sentir un ritmo, que es inédito en cada esfera.

De sentir, el “soltar” y dejarse llevar por la música a donde quiera llevarnos.

También puede ser, pura conexión, con uno mismo y su entorno.

Todo esto y mucho más, son las cosas que se generan, cuando un grupo de personas, comienzan a desarrollar un ritmo, que surge de la creatividad que todos tenemos dentro.

Un círculo de tambores es un encuentro en el que las personas que lo componen (aunque no tengan ninguna experiencia musical), van familiarizándose y generando ritmos, hasta llegar a un punto en la sesión en el que tod@s, son parte fundamental del círculo, ya no solo por su juego con el tambor, también por las aportaciones creativas de cada participante al círculo.

 

Todo esto y mucho más, son las cosas que se generan, cuando un grupo de personas, comienzan a desarrollar un ritmo, que surge de la creatividad que todos tenemos dentro.

 

Todas las personas de todos los ámbitos de la vida, de todos los colores, tienen varias cosas que pueden hacer juntas para crear armonía y es lo más simple, hacer música y cantar juntos.

Babatunde olatunji..